¿Es bueno que los niños jueguen solos?

No todo el tiempo debemos estar detrás de nuestros hijos, aun cuando se trata de la hora del juego. Personalmente muchas veces “fuerzo” a mi hija y a mí también a  enrolarme en el juego.

Mi motivo principal para pensar en esto es, ¡pobrecita, está jugando sola, no quiero que sienta que no estoy para ella!

La realidad es que durante el juego individual o en solitario, sin la intervención de un adulto (mamá, papá u otros educadores) ofrece grandes beneficios en desarrollo cognitivo de nuestros hijos, aumenta su independencia y autonomía, fomenta su fantasía y permite que tomen sus propias decisiones sin miedo a equivocarse.

También están los niños que no quieren jugar solos, quizás porque no han tenido la oportunidad de aprender a hacerlo. Los niños que en todo momento quieren que los padres o los cuidadores formen parte de los juegos y sus actividades en todo momento.

Niños que reclaman esa atención en casa, en el parque o sea donde sea que estén jugando. En cierto modo esto es señal que nos necesitan, un modo de llamar nuestra atención.

Pero es importante que les permitamos momentos de juego en solitario y que nuestros pequeños aprendan a jugar solos de vez en cuando.

Ventajas de jugar en solitario

Es cierto que jugando juntos, jugando con nuestros niños, compartimos más que un juego: enseñamos a compartir, ayudamos a desarrollar su lenguaje o sus habilidades no tan solo físicas, sino también emocionales y sociales.

 Ser más independientes y autónomos al explorar el mundo que les rodea asimilando maneras diferentes de aprender y relacionarse con sus cosas y entorno.

Tomar decisiones por sí mismos, equivocarse y buscar el modo de volver a realizar aquello que no les han salido bien sin la constante intervención del adulto que les soluciona los problemas o de esa voz que les dice ‘así no cariño, así está mal’.

Desarrollar el juego simbólico no dirigido. Jugando solos, nuestros hijos pueden hacer y decir cosas que quizás delante de un adulto no harían porque están prohibidas o porque se sienten un poco avergonzados, como por ejemplo decir alguna palabrota o poner caras interesantes.

Fomentar la fantasía y la creatividad, el niño que juega solo amplía su mundo interior creando personajes y escenarios alrededor suyo que no existen.

Lo anterior no da por hecho que abandonemos a nuestros hijos en la hora del juego, hagámonos partícipes en su imaginación, pero demos espacio a que exploren un juego sin ser dirigidos.

El juego en solitario y compartido se complementan, ambos son necesarios e indispensables para el desarrollo.

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Publicado por Papá

Ing. Sistemas Computacionales.

Geek por gusto y profesión, papá primerizo.

Puedo ver en una noche toda la saga de Star Wars una y otra vez.

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